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Es hora de sumarse a la ola “naranja” contra la violencia armada


Por José López Zamorano


Las cifras del número de víctimas por armas de fuego en los Estados Unidos son trágicas, devastadoras e inaceptables:

Las armas de fuego son la principal causa de muerte entre niños y adolescentes estadounidenses.

Una de cada 10 muertes por armas de fuego corresponde a menores de 19 años.

Cuatro de cada 10 adultos en los Estados Unidos viven en un hogar donde por lo menos existe un arma de fuego.

Alrededor de la mitad de las muertes por las armas de fuego son suicidios, seguidas por asesinatos. Sólo una minoría son accidentes.

Alrededor de 433 millones de armas de fuego se encuentran en manos de civiles estadounidenses.

Sólo 6 millones del total de armas en posesión de adultos han sido registradas legalmente, de acuerdo con el centro de investigación Pew.

Las dramáticas estadísticas reflejan la realidad de una tormenta perfecta en la sociedad de los Estados Unidos: un número desproporcionado de armas de fuego, la politización del debate sobre regulaciones de sentido común, la insuficiencia e inequidad en los servicios de salud mental y una influencia perversa de organizaciones a favor del libertinaje en la adquisición y posesión de armas de fuego.

Sólo en los Estados Unidos existe una epidemia prevenible y letal: la violencia ocasionada por las armas de fuego y las masacres estudiantiles.

Muchos de nosotros creímos que la masacre de niños de la primaria Sandy Hook en Newtown, Connecticut en 2012, sería el parteaguas que cambiaría el debate nacional sobre el control de las armas de fuego. Nos equivocamos. La hemorragia de muertes continúa y sigue sin restablecerse la prohibición nacional de los rifles de asalto estilo AR-15.

Pero conforme los Estados Unidos celebra en junio el Mes Nacional de Concientización sobre la Violencia Armada, no todas son malas noticias.

Un número cada vez mayor de estados del país han aprobado las llamadas: “Red Flags Laws”, permiten a familiares, agentes de la ley y otras personas solicitar ante una corte la remoción temporal de armas de fuego a personas que representan un riesgo a sí mismo a otros.

Entre se encuentran California, Colorado, Connecticut, Delaware, Florida, Hawái, Illinois, Indiana, Maryland, Massachusetts, Nevada, New Jersey, Nuevo México, Nueva York, Oregón, Rhode Island, Vermont, Virginia y Washington.

Ante los insuficientes avances en el Congreso, los estados están poniendo el ejemplo. Aquellos políticos que afirman que ninguna legislación será capaz de prevenir todas y cada una de las masacres con armas de fuego, no están haciendo su trabajo.

Miles y miles de personas se visten de naranja este mes, en honor a Hadiya Pendleton, una niña de 15 años con un futuro promisorio que fue asesinada con arma de fuego en Chicago en 2013, sólo una semana después de haber participado en el desfile inaugural de Barack Obama.

No podemos permitir que la muerte de Hadiya o de los querubines de Sandy Hook o de los jóvenes de Parkland y las de miles y miles más sean en vano. Llevemos el color naranja hoy, este mes y hasta el día de las elecciones de noviembre de 2024, sumémonos a grupos locales y alcemos la voz, porque un clamor nacional es imparable.




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